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Alfredo»Harapos»Morales,el ídolo cañero

La Selva Cañera pronto se convirtió en un temible infierno para los equipos visitantes, quienes rara vez rescataban algún punto.

El Harapos, hombre de pueblo, de formación férrea y carácter indomable vivió sus mejores años futbolísticos en “El Coruco Díaz” a finales de los 70’s y a lo largo de los 80’s.

Alfredo “El Harapos” Morales fue un jugador de futbol profesional en México. Brilló con luz propia en el Futbol Mexicano y fue siempre un referente de los equipos en los que militó, en especial del Zacatepec.

El Harapos buscó acomodo en varios equipos profesionales de la Primera División Mexicana, lo cual implicaba trasladarse largas distancias generalmente a pie. Alguna vez le escuché decir que cuando fue con el Atlas le dijeron que tenían a decenas de jugadores como el. Que equivocados estaban. Pues no solo no tenían ellos a un solo jugador como el, sino que no había en todo el Futbol Mexicano un jugador equiparable al Harapos.

Fue el Club Jalisco quien finalmente dio al Harapos Morales la oportunidad de debutar en la Primera División nacional. Y fue en este equipo en el que el joven de cabellos güeros retorcidos, enmarañados, que se elevaban varios centímetros por sobre su cráneo se dio a conocer y mostró por primera vez a nivel nacional su impresionante y endiablada habilidad y su no menos extraordinaria capacidad física.

Se le recuerdan innumerables tardes memorables en el estadio “Jalisco.” Jugó apenas un par de temporadas ahí antes de ser transferido a los Tigres, pero dejó una huella profunda en esa ciudad, labor nada sencilla en un lugar en donde el fútbol se respira en cada esquina y los ídolos y figuras abundan desde los inicios del deporte en este país. Pero el Harapos estaba hecho de una madera especial, una madera de campo, insubordinada, rebelde, descarada, insolente y noble. Conectaba con la tribuna como pocos y lo mismo generaba cánticos espontáneos que elaboradas porras.

El “Harapos” tenía el poder de poner de pie a los espectadores después de algún quiebre magistral y casi-casi de prestidigitador, y de sembrar defensas contrarias en los campos en los que regaba su magia. El Harapos Morales hizo mancuernas de miedo con goleadores implacables, como Oswaldo Castro “El Pata Bendita,” en el Jalisco y tiempo después con el espigado Ricardo Castro en Zacatepec.

Se puede decir que cuando el Harapos llegó al Zacatepec llegó a donde finalmente debió de haber estado desde un principio.

La comunión del jugador con el equipo fue inmediata y la afición le reconoció como su estandarte y referente. Fue arropado por un equipo formado en su mayoría por jugadores locales como uno más de la banda y los resultados fueron inmediatos.

La Selva Cañera pronto se convirtió en un temible infierno para los equipos visitantes, quienes rara vez rescataban algún punto.

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