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El Doctor artista del fútbol,el brasileño Sócrates

Sócrates Sampaio da Souza Oliveira nació en Belém, el 19 de febrero de 1954. Es doctor en Medicina, y no deja de ser extraño que un jugador profesional de fútbol tenga tan alto grado de educación (en Brasil, otro jugador famoso, Tostão, también es médico, y en Argentina son conocidos los casos de Carlos Bilardo y Raúl Madero).

Sócrates decidió matricularse en la facultad de Medicina y en 1978, a los 23 años, se convertía en doctor y en jugador del Corinthians. Cuatro años antes, hizo sus primeros pinitos futbolísticos en el humilde Botafogo. 

En 1973, hizo su debut profesional con el Botafogo de Riberao Preto. Los técnicos no depositaron en principio gran fe en sus cualidades: se trataba de un futbolista muy alto (1,91 m), delgado y con unos pies llamativamente pequeños, al que apodaron «magrao«. Sin embargo, desarrolló un magnífico toque de balón, cercano al malabarismo, con un juego de tacón especialmente brillante. Tanto, que incluso llegó a lanzar algún penalti con esa parte del pie.

Alternó su carrera deportiva con los estudios de Medicina,llegando a rechazar importantes ofertas de clubes como el Flamengo o el Fluminense para permanecer en el ambiente universitario de São Paulo. Ganó tres títulos de la Liga Paulista con el Corinthians (1979, 1982 y 1983), club al que había llegado en 1978 y en el que permaneció hasta 1985, para pasar posteriormente a la Fiorentina italiana, al Flamengo y al Santos.

En los años 1982 y 1983, fue elegido mejor futbolista de Brasil, y recibió el Balón de Oro como mejor jugador de América en 1983. Participó en 56 partidos con la selección de Brasil, para la que consiguió 23 goles, y deleitó a los aficionados de todo el planeta en las Copas del Mundo de 1982 (junto con Zico, Falção y Junior) y 1986, aunque no consiguió proclamarse campeón del mundo.

Si en el Corinthians hizo historia, con la selección de Brasil no fue menos. En el Mundial de España’82 deslumbró con un juego grandioso que no obtuvo la recompensa que merecía (cayeron ante Italia por 2-3 en la segunda fase) y cuatro años más tarde, en México, capitaneó a jugadores como Zico, Cerezo, Eder o Falcao que maravillaron con su fútbol despreocupado, alegre y con toque.

El famoso jogo bonito. Ver a Sócrates sobre el campo era ver a un futbolista con pelo rizado y abundante barba, elegante y astuto con una visión perfecta del juego. Muy técnico con los pies, corría con la cabeza alta para poner un centro desde la derecha o llegar desde la frontal a rematar. A pesar de su altura (1’93) no iba muy bien de cabeza pero sus pases de tacón eran exquisitos y es que Sócrates tenía un hueso descolocado en el pie que le permitían imprimir mayor potencia a sus toques de tacón. Tanto que llegó a lanzar los penaltis con esa parte de sus botas del 37.

En 1984 puso punto y final, de forma eventual, a su aventura en Brasil y se fue a Italia. Sócrates firmó su peor temporada con la Fiorentina por lo que al año siguiente regresó a su país natal y pasó por las filas del Flamengo y del Santos antes de colgar las botas en 1989. A Sócrates esta despedida le dejó mal sabor de boca y en 2004 comenzó una nueva aventura en Inglaterra: con 50 años se convirtió en jugador y director técnico del Gartforth Town durante un mes.

Sin embargo, la parte que ha llevado a Sócrates a pasar a la historia como un futbolista diferente fue precisamente su implicación política. El jugador tuvo claro desde el principió que quería aprovechar su proyección y su fama para concienciar a la sociedad brasileña durante la dictadura.

Sócrates aplicó su forma de ver la autogestión deportiva (organización de horarios,alineaciones, fichajes, etc) al sistema político que regía Brasil en aquellos días. Su insistencia fue tal que aparecía en el terreno de juego con camisetas que incluían mensajes para la gente fuese a votar.

Lejos de parecer una contribución nimía, el movimiento de Sócrates llegó a denominarse «Democracia corintiana» porque consiguió que la sociedad brasileña se comprometiese más con la política de su país. Una vez retirado del fútbol, continuó con su particular activismo político. Pasó de escribir sus mensajes en camisetas de fútbol a hacerlo en los diaríos más importantes de Brasil.

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