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El superhéroe mexicano,El Santo «El enmascarado de plata»

Nació en Tulancingo, Hidalgo, el 23 de septiembre de 1917, hijo de Josefina Huerta Márquez y Jesús Guzmán Campuzano. Fue el quinto de siete hijos. Rodolfo llegó a la Ciudad de México en los años 20, cuando su familia se asentó en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en una vecindad conocida como la Covadonga, en la calle Belisario Domínguez.

 En un inicio practicó béisbol y fútbol americano, pero después se interesó por la lucha. Aprendió Jūjutsu y luego lucha grecorromana, y algunos testimonios indican que tomó clases de pintura.

Fue en la arena de Pachuca donde el también luchador Jack O´Brien vio el estilo luchístico de Rodolfo- quien se hacia llamar «Rudy» Guzmán- y lo recomendó con Jesús Lomelí instructor de la EMLL (dirigida por Salvador Lutteroth Glz.), quien los trajo a la capital.
Sin embargo Rodolfo pasó sin pena ni gloria en sus inicios, no era malo, pero tampoco lograba meterse en el gusto del aficionado, por lo que decidió enmascararse, y encarnar un nuevo personaje.

Rodolfo se hizo una máscara, un nuevo equipo, y un par de meses después se presento como EL HOMBRE ROJO. Tenía que luchar casi a diario por varios rumbos de la ciudad para ganarse la vida. Cuando no había combates realizaba diversas labores: modelador, pintor, carpintero, mecánico, y varias más.

En 1936 Rodolfo ingresó a la EMLL y triunfó en la antigua Arena México en su presentación y perdió en los dos combates siguientes. Nuevamente, la misma historia: ni pena ni gloria, y el público seguía sin tomarlo en cuenta, por ello en Noviembre de ese año decide dejar la EMLL. También Jesús Lomelí salió de las filas de la empresa para hacer su propio espectáculo luchístico y no duda en buscar al Hombre Rojo, de este modo Rodolfo se reencontró con el hombre que lo había ayudado en sus inicios.

Tratando de conseguir fama y fortuna Rodolfo Guzmán decide enmascararse como el MURCIÉLAGO II aprovechando un poco la fama de Jesús «EL MURCIÉLAGO » Velázquez, pero el dueño del nombre original apela a las autoridades de la Comisión de Box y Lucha, con el fin de retirárselo al incipiente luchador. Rodolfo se quedó pasmado, sin ánimos, tanto trabajo que le había costado conseguir algo de fama, y de pronto, sus sueños se fueron por la borda y por si fuera poco su vida familiar se trastocaba con la muerte de su padre (Jesús Guzmán Campuzano).

Con su brillante máscara plateada primero peleó para el bando de los rudos y después para los técnicos. Ya había conseguido fama en los rines de México, pero en 1952 su vida dio un giro cuando comenzó a publicarse la tira cómica Santo El Enmascarado de Plata ¡Una aventura atómica!, de José Guadalupe Cruz.

Se imprimía cada semana y llegó a ser tan popular que vendía cerca del millón de copias. De ser un luchador se convirtió en un superhéroe, al nivel de Batman o Superman, pues se convirtió en un símbolo de la justicia para las personas.

En 1958 su fama llegó a nivel internacional cuando comenzó a probar suerte en la pantalla grande con los filmes Santo contra el cerebro del mal y Santo vs los hombres infernales. En las 52 películas que rodó peleó contra hombres lobo, extraterrestres, mujeres vampiros y momias, por ejemplo.

Cada una de estas películas se convirtió en éxito de  taquilla en México y gran parte de América Latina y Europa.

De su amplia filmografía destacan cintas como Santo contra los zombies (1962), que fue la primera en distribuirse en Estados Unidos; Santo vs. las Mujeres Vampiro (1962), en la que destaca la fotografía y la dirección de arte; Santo en el Museo de Cera (1963), que es de las más populares en el extranjero; Operación 67 (1967), donde actúa junto al galán de la época Jorge Rivero; y Santo vs. los villanos del ring (1968), la cual resalta por las escenas de acción con lucha libre, son algunos de ellos.

Otras de las cintas memorables es Santo contra Capulina (1967) y Santo en El tesoro de Drácula (1969), este último un filme que causó controversia por las escenas que fueron censuradas al momento de su lanzamiento.

El Santo luchó como técnico por primera vez acompañado por Henry Pilusso, contra los Hermanos Espanto. Semanas atrás la alineación era exactamente al revés: El Santo luchaba del lado de los Espanto, mientras que Pilusso conformaba una terna con el Rayo de Jalisco y Rito Romero. Sus compañeros traicionaron al Enmascarado de Plata y Pilusso entró en su ayuda. Había llegado el momento de administrar el cariño del público; ya no era necesario ser el malo y violento de la historia.

La fama que había alcanzado El Santo entre los niños, gracias a las historietas de José G. Cruz y a sus primeras películas, lo había renovado por completo. Desde entonces El Plateado nunca dudó de su condición de héroe, los niños se le acercaban cuando subía al ring y le pedían autógrafos; él los cargaba y se retrataba con ellos. Luego los bajaba cariñosamente, les daba un beso paternal y comenzaba la lucha.

La rivalidad con los Hermanos Espanto culminó con una lucha de máscaras contra el Espanto I, celebrada el 30 de noviembre de 1963 y recordada como una de las más sangrientas en la historia de la lucha libre de México. Tanto que al terminar ésta, El Santo seminconsciente, con la máscara totalmente desgarrada y teñida de rojo, le preguntó al legendario aficionado don Erasto García, quién había ganado. «Usted Profe», le dijo y lo ayudó a llegar al vestidor.

El Plateado vive los setenta en la más alta gloria, pero ya no como el gran rival mano a mano que era. Su fuerza había mermado y tenía 60 años aproximadamente. Aun así, en 1975, El Santo, Mil Máscaras y El Solitario fueron declarados el mejor trío del año. En 1977 la Empresa Mexicana de Lucha Libre sufrió una ruptura entre sus elementos. El Plateado culminó su relación con la familia Lutteroth y, al igual que El Solitario, Tinieblas, Los Villanos y Mil Máscaras, se fue al bando de los ‘independientes’.

Con ellos, en el Toreo de Cuatro Caminos escenificó los últimos combates de su vida. Rodolfo Guzmán seguía luchando pero comenzaba a pensar en su retiro. Ya había sufrido un infarto al miocardio y el médico Horacio Ramírez lo apremiaba a tomar la decisión del retiro. Hubo tres despedidas oficiales: la primera, en el Palacio de los Deportes. La segunda, en la Arena México. La definitiva en el Toreo de Cuatro Caminos el 12 de Septiembre de 1982.

Se reunió de nuevo con sus grandes amigos: «Gori» Guerrero, «Huracán» Ramírez y El Solitario, para enfrentar a la cuarteta integrada por El Texano, El Signo, El «Negro» Navarro y El «Perro» Aguayo, su último gran rival. Los rudos fueron descalificados por exceso de rudeza. Querían darle la despedida que se merecían y se ensañaron con él. No era para menos; en 50 años, había participado en más de 10 mil combates, había rapado y desenmascarado a decenas de luchadores que trataron de ponerse a su nivel, había ganado todos los campeonatos posibles, había visto el nacimiento y derrumbe de cientos de luchadores y seguía ahí, como un rey viviente, resistiendo la vida y la lucha, que para él eran una sola batalla larga y misteriosa pero con, límite de tiempo.

Al retirarse se dedicó a la producción se sus propias películas y trabajando como escapista al lado del mago Yeo en el Teatro Blanquita. Aun en las giras teatrales era celoso de su incógnita, nunca se quitaba la máscara; para comer usaba una tapa mas abierta.

El Santo supo que estaba desahuciado. No le bastaban sus actos de escapismo ni el efusivo amor que le demostraban sus hijos y seguidores para saciar sus ansias de vivir. Cuando vio al menor de sus vástagos usar su máscara y subir a un encordado, no pudo contener el llanto; la vida que había sido tan pródiga con él le comenzaba a dar la espalda. Semanas antes de morir sorprendió al público cuando descubrió su rostro en el programa Contrapunto, conducido por Jacobo Zabludowsky.

Esa fue quizá una señal premonitoria del próximo final de su vida. Ya no tenía sentido conservar en secreto lo que el tiempo se encargaría de hacer polvo. Cuando lo enterraron llevaba puesta su máscara; la convirtió en su propio rostro.

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