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Gato o Superman,simplemente Miguel Marin

Descubierto por el dueño de una verdulería en la cual trabajaba, Marín fue convencido por aquel para tentar fortuna en Vélez Sarsfield, una institución que no ganaba campeonatos pero que era bastante seria y ordenada, sobre todo en lo relativo a sus divisiones inferiores. Y aunque el inicio en la gran ciudad no pudo ser peor para Marín -en la prueba que le tomaron recibió  casi una decena de goles- ese legendario entrenador que fue Victorio Spinetto le vio condiciones y decidió admitirlo en el club.

Así fue que en 1964 el juvenil golero ya pedía pista en la primera división, aunque había un obstáculo: ese año había llegado a Liniers nada menos que Rogelio Domínguez, arquero con pasado en Racing, River y el Real Madrid, club con el que poco tiempo antes había obtenido un par de Copas de Europa en condición de titular.

La tarde soñada de Marín fue la del 9 de agosto del ´64, cuando la “V” azulada recibió a Huracán y ganó 3-2, con un digno rendimiento de su parte: luego de recibir apenas a los 7 minutos de juego el primer gol de su campaña (se lo hizo Alberto Rendo), el tipo no sintió los nervios del debut y atajó bastante bien, de hecho el otro tanto se lo marcaron recién a los 42 minutos del complemento -y de penal-, cuando su equipo ya tenía el triunfo en el bolsillo. Gracias a la lesión del veterano titular, Marín pudo jugar en 9 de los 30 encuentros de ese torneo de 1964, en el que Vélez (como era una costumbre por aquellos años) terminó en la mitad de la tabla: 8º puesto entre 16 participantes.

Ya para 1966 Domínguez emigró al fútbol del Uruguay y no hubo nadie que pudiera hacerle sombra a Marín: disputó 35 de los 38 encuentros del certamen ganado por el “Racing de José”. A partir de ese torneo y durante los siguientes 10 campeonatos, salvo alguna excepción Marín fue amo y señor del arco velezano, viviendo la mayor alegría del club hasta ese entonces pero también, la gran frustración de perder un título que estaba prácticamente ganado.

Después de eso el “Gato” partió, dejando atrás 225 partidos defendiendo los colores de Vélez (222 por torneo local y 3 de CA) y además, ocasionando un gran vacío en un arco que sólo empezó a cubrirse en la segunda mitad de los 70´s, cuando un joven Julio César Falcioni se hizo cargo del puesto. Seguramente, ni el propio Marín imaginaba todo lo bueno que iba a vivir en su nuevo destino, a punto tal que allí desarrolló la segunda mitad de su carrera futbolística y se quedó a vivir tras el retiro.

 En realidad, la gente del Cruz Azul estaba muy interesada en contar con los servicios de Carlos Bianchi, quien pese a su corta edad ya era una máquina de hacer goles; pero cuando Raúl Cárdenas -entrenador del equipo y que el año anterior había dirigido a la selección mexicana en el mundial- vino a ver al “9” se quedó impresionado con la agilidad del arquero velezano. Y como por un tema reglamentario les fue imposible adquirir la ficha del goleador (tenía 22 años y en aquel tiempo los jugadores Sub-23 no se podían vender al extranjero) los mexicanos que hicieron  el viaje valiera la pena habiendo contratado al menos un guardavalla de primer nivel. Lejos estaban de suponer que con la compra de Marín, se llevaban al que hoy en día es considerado en forma casi unánime como el mejor arquero de la historia del fútbol mexicano.

José Miguel dejó de ser el “Gato” para pasar a ser denominado “Superman”: había un famoso relator llamado Ángel Fernández Rugama, quien maravillado por las voladas del argentino, domingo tras domingo empezó a utilizar ese apodo, el cual al poco tiempo prendió en el ambiente futbolero mexicano, acompañándolo hasta el momento de su muerte y más allá también.

Cuando ya llevaba un lustro siendo uno de los más destacados jugadores del país, en 1976 cometió un error muy grosero y se hizo un gol en contra que dio la vuelta al mundo: fue el 23 de mayo, en un duelo contra el Atlante que terminó 1-1.

No era un futbolista de entrenar, era un futbolista de jugar”. Y vaya si jugó partidos oficiales, a punto tal que en 17 temporadas entre Vélez y Cruz Azul terminó acumulando la nada despreciable suma de 544 cotejos.En una muestra de gran vigencia, luego del triplete obtenido en sus primeros años en México -trofeos a los que hay que agregar en el plano internacional la Liga de Campeones de CONCACAF 1971/72-, Marín volvería a ser campeón con el “Cementero” a fines de la década del ´70, ya cuando empezaba a transitar el tramo final de su carrera: ganó las ligas de 1978/79 y 1979/80, siempre como pieza clave de su equipo y convertido en una verdadera leyenda del fútbol mexicano.

Acostumbrado a parar los bombazos de tipos como Hugo Sánchez, el brasileño Ricardo Ferretti, el peruano Juan José Muñante o el chileno Carlos Reinoso, una vez en una entrevista para un medio gráfico mostró que no era ningún “Superman”, ya que reveló las consecuencias de tantos años en el puesto y al quitarse los guantes, dejó ver unas manos con dedos muy deformados, afirmando ante la incredulidad del interlocutor de turno: “Son pelotazos de la vida”.

Sobre el tema de sus lastimadas manos, varios años después de su fallecimiento esto contó su hijo Maxi: 

Obviamente cuando mi padre empieza a jugar en los años ´50 en el barrio, al ser de un extracto humilde, pensar en comprar unos guantes era algo que no estaba en sus posibilidades.

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