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La leyenda de Ernesto Canto,primer campeón de mundo

Desde juvenil supo paladear el sabor de la victoria y llegó al climax de su carrera deportiva con la medalla de oro conquistada en Los Ángeles 84 con récord olímpico, ratificando así el nombramiento que le dio la IAAF un año antes como “Mejor Andarín del Mundo”.

Algunos especialistas pusieron en tela de juicio su victoria ante la ausencia de los países del bloque socialista, expertos en la marcha, sin embargo, meses antes ya los había derrotado cuando se proclamó campeón mundial en Helsinki.

Marchador muy precoz, decide ser atleta después de observar ganar al marchador José Pedraza la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de México 1968 para su país y quedar impresionado con las ceremonias tanto de apertura como de clausura, con apenas 13 años consigue el campeonato nacional mexicano de la categoría infantil, y a partir de aquí comienza a conquistar logros a nivel internacional. En 1973 vence en el Campeonato Centroamericano y del Caribe Juvenil en la distancia de 10km, título que volvería a obtener en 1976. En el año 1977 gana el Campeonato Juvenil de América, disputado en Montreal y en 1978 vuelve a ganar el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Atletismo en Medellín en 20km pero esta vez en categoría absoluta.

Su primer victoria de renombre la conquistó en 1981 en la Copa Lugano de Valencia (España), luego venció en la Semana Internacional de Caminata, Noruega-Suecia. Ese mismo año e dieron el Premio Nacional del Deporte. En 1982, otro oro de Canto, ahora en los Centroamericanos y del Caribe La Habana.

En 1983 fue nominado “El mejor Andarín del Mundo en 20 kilómetros” recibiendo el trofeo Hispanidad por ser campeón panamericano en Caracas, y del Mundial de Atletismo de Helsinki (Finlandia) con crono de 1:20.49 horas.

Un año después rompió la marca mundial de la hora en el Grand Prix de Softeland en Bergen, Noruega al recorrer 15 mil 253 metros, superando los 15 mil 129 del soviético Valdas Kazlauskas. Un día después impone récord mundial de 20 kilómetros (1:18.38) destrozando el de su ídolo Daniel Bautista (1:19.49).

Ernesto, dentro de su preparación, se había convertido en el primer marchista en caminar debajo de los cuatro minutos el kilómetro: un promedio de velocidad de 38 kilómetros por hora. Un ritmo frenético, gracias a que cada ciclo olímpico, la suma de kilómetros de entrenamiento, era el equivalente a una vuelta a la tierra: ¡40 mil kilómetros cada cuatro años!

“Yo le di casi tres vueltas a la tierra en mi carrera deportiva, tres vueltas a la tierra caminando, para uno como andarín era muy natural entrenar de esta manera”. Ernesto iba con todo el arsenal posible para dar la pelea.

“Como país podemos decir que México tuvo el primer título de atletismo y me tocó a mí hacerlo. Entonces eso fue lo extraordinario, porque son las cosas que te marcan y dejas huella. El ser el primero en algo es muy importante. A mí me tocó, afortunadamente, ser el primero en muchas cosas y en mi disciplina fui el primero en ser campeón del mundo”, enfatizó Ernesto,  con la mente puesta, un año después, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.

Sólo le faltaba la gloria olímpica y la conquistó en el Memorial Coliseum. Canto se adueñó discretamente de la punta en los primeros 5 y 10 kilómetros; se la quitó el italiano Mauricio Damilano en el 12, pero “tronó” en el 18, y Ernesto volvió con renovados bríos al primero y nadie le hizo sombra: cruzó la meta en 1:23.13 horas.

Canto vuelve años más tarde a la actividad para vencer en la Copa Randers en Dinamarca durante 1989, un año después ganó la Copa de las Naciones en Munich, y los Juegos de la Amistad en Seattle.

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