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«La Pelé mexicana»Alicia Vargas la Diosa de Plata

En los años finales de la década de los 60, y antes de su debut, Alicia pasaba las tardes jugando “coladeritas” con sus dos hermanos, a veces como recogebolas, a veces como portera, y cuando no se completaban, como delantera.

Un día vio en el periódico La Prensa una noticia en la sección de deportes que decía: “Guadalajara se lleva el clásico en el futbol femenil” en ese momento supo que había futbol de mujeres, era aficionada al equipo tapatío y el mismo donde hizo su debut.

En 1970 llegó una invitación de la recién formada Federación Internacional Europea de Futbol Femenil (FIEFF) para jugar un campeonato mundial en Italia, le hicieron la invitación a México, se conformó la selección que viajaría a Italia, y a pesar de que la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) no avalaba el futbol femenil, se disputó un primer mundial de futbol entre mujeres.

Aunque Alicia era una de las mejores de la liga, no estaba muy entusiasmada por participar.

“Ni idea tenía de qué era jugar un mundial. No tenía pasaporte y nunca me había subido a un avión. Les dije a mis compañeras que mejor me quedaba, porque si se iban las mejores jugadoras de otros equipos, iba a ser más fácil ganar el campeonato local. Yo sólo quería jugar y ser campeona en México”.

Y en efecto, ese año fue campeona, pero no con el Guadalajara ni del torneo local: terminó como la líder de goleo de ese histórico primer mundial extraoficial y olvidado por la historia.

Minutos antes de abordar, llegaron las chamarras, las calcetas y uniformes completos, patrocinados por el entonces futbolista Enrique Borja. Así, con más ilusiones que buenos pronósticos, llegaron a Bari, donde también estaban las selecciones de Austria, de Suiza y de Italia.

En los días previos, las rivales europeas tampoco veían mucho potencial en las mexicanas. Lo que no sabían era que éstas entrenaban en secreto, como cuenta La Pelé.

“El entrenador, José Morales, ubicó un seminario cerca del hotel, le pidió permiso al sacerdote, el Padre Rocco, y ahí, en su jardín, entrenábamos a las 7 de la mañana. Cuando los otros equipos bajaban a desayunar, nosotras ya habíamos entrenado, y al estadio ya nada más íbamos a hacer un poco de técnica”.

El debut con 9 goles fue un gran gancho: todos los diarios querían unas palabras de la joven que había derrotado a la imponente portera austriaca. El partido siguiente también fue notable: perdieron el segundo duelo (2-1) contra las anfitrionas, en medio de una trifulca que inició porque las mexicanas se querían quedar con el balón de recuerdo. “Y perdimos el partido, pero nos quedamos con el balón”.

La derrota las mandó a pelear por el tercer lugar contra Inglaterra. La tribuna local coreaba “¡México, México!”. Las mexicanas ganaron 3-2. Conquistaron el tercer puesto, a los diarios y a la afición. Pero Alicia, como sus compañeras, ya quería regresar a México.

“En el avión de regreso hicimos planes para irnos directamente a Garibaldi, a comer unas costillitas. Se nos hacía agua la boca. Pero cuando llegamos al aeropuerto, al salir por la escalinata para bajar, vimos fotógrafos, micrófonos, mucha gente y hasta un mariachi. Preguntamos: ¿Pues quién viene en el avión? Nos respondieron: es para ustedes”.

En 1971, México fue sede del segundo campeonato de futbol femenil extraoficial. En esa ocasión “La Pelé” Vargas inició el torneo en la banca porque así era la estrategia que planteó el entrenador.

En el partido contra Inglaterra puso 4 pases a gol, y en la final contra Dinamarca, Alicia y el resto del equipo no anotaron ningún gol. Ella salió llorando del Estadio Azteca, pero los aficionados coreaban su nombre.

Después del buen papel de la mexicana en los mundiales, fue invitada para irse al extranjero, ella era muy chica para salir del país, por lo que rechazó la oferta. Vargas tenía la esperanza de que en su país se profesionalizara el futbol femenil, eso no pasó.

Recordó que tras el segundo lugar conseguido en el Mundial de 1971, luego de que tricolores perdieron 3-1 ante Dinamarca en la final, tanto ella como sus compañeras pensaron “que iba a haber mucho más apoyo para las futbolistas, que a lo mejor harían una liga femenil, que habría más oportunidades para nosotras, pero no fue así. Todo se fue apagando y fue hasta finales de los 90 fue cuando volvieron a darle empuje al balompié de mujeres.

Por eso, estas chicas deben aprovechar todo lo que tienen. Tal vez por ahora tengan una remuneración económica baja, pero nosotras ni siquiera teníamos uniformes oficiales, a nosotros nos los donó Enrique Borja para el Mundial del 70, así que cualquier apoyo que tengan ya es ganancia.

Todavía hoy, piensa que pudo haber hecho mucho más, pero que por la época no existían condiciones para lograrlo. Pudo ser la primera futbolista profesional jugando en otro país (fue Andrea Rodebaugh en 1989); pudo ser la primera mexicana en marcar un gol en un mundial oficial (fue Maribel Domínguez en 1999); pudo ser la primera campeona de goleo de la liga profesional mexicana (fue Lucero Cuevas en el 2018). No le tocó ser nada de eso.

Pero sí fue la primera ídola de este país. Fue la referencia de todas las canchas en donde el futbol femenil resistió por décadas hasta que otras, como Rodebaugh, Domínguez, o Cuevas pudieron lograr lo que ella quiso y no pudo. Gracias a ella, muchas futbolistas mexicanas, saben que hacer que un estadio repleto grite tu nombre es posible. Ella lo hizo.

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