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Laura Serrano la “Poeta del Ring”.

 Laura Serrano García nació el 20 de octubre 1967 en la Ciudad de México y desde pequeña, se incluyó en deportes como fútbol y natación. Es abogada de profesión por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en  donde comenzó a practicar box a partir de que presenció un entrenamiento de una joven en Ciudad Universitaria. Y aunque al principio lo practicaba con fines de salud y para estar en forma, más tarde se convertiría en algo para toda la vida.

Cuando decidió dedicarse por completo al box, tuvo que enfrentar distintas situaciones de discriminación por ser mujer y mexicana, mientras luchaba por un lugar en un deporte reservado para hombres.

Ella misma cuenta que en los gimnasios en los que entrenaba, tenía constantes ataques verbales por parte de hombres que consideraban que no debía estar ahí, y que incluso su gusto por el box, fue algo que tuvo que ocultarle a sus padres, pues se oponían a que practicara una actividad tan agresiva. “Vamos a ver como se dan en la madre las viejas” eran los constantes insultos que acompañaban a Laura cada vez que subía al ring en sus peleas como boxeadora amateur.

Enamorada del deporte de puñetazos, pero ante la limitante de no poder pelear profesionalmente en su tierra, Serrano decidió abrirse camino fuera de México, debutando profesionalmente en 1994, en Las Vegas, Nevada, en el famoso hotel MGM Grand, para enfrentar a la estadounidense Christy Martin, con más de 20 peleas profesionales.

La función estelar era entre Julio César Chávez y Frankie Randall, y aunque ella cree que fue llevada como “carne de cañón”, también sabía que era su oportunidad, “tenía mucho que ganar y poco que perder”.  Todo parecía estar en su contra, viajó sin su entrenador, porque podía ser sancionado, sin hablar inglés, y con esa hambre que sólo los verdaderos boxeadores conocen, pocos creían que pudiera tener alguna oportunidad ante su fuerte rival, a excepción del César del box, quien creyó en ella y a quien no defraudó, esa noche Laura sorprendió, logró lo que nadie creía, dominar a su oponente y llevarse el empate.

El 20 de abril de 1995, en su segunda batalla como profesional, Laura Serrano García se enfrentó a Deirdre Gogarty en el Casino Aladdin de Las Vegas y se alzó con el título en peso pluma de la Federación Internacional de Boxeo Femenil, proclamándose como la primera latinoamericana en coronarse campeona del mundo. “Fue una tremenda pelea, duró siete rounds, pero fue de gran calidad. Recordé las palabras de mi hermano Marco: ‘no hay mañana’. Entonces salí como perro, como piraña. En la esquina de Deirdre tiraron la toalla y me coroné. No sabes la emoción…”

       Después de dichos combates, Serrano se quedó a ejercer su carrera deportiva en las Vegas, en donde también tuvo que enfrentar actos discriminatorios por ser mexicana. A pesar de esto, Laura Serrano consolidó su carrera como pionera del boxeo para mujeres. Pero no sólo buscaría destacar en esta disciplina, sino también hacer un cambio importante en el boxeo femenil en México. Y es que muchas veces hizo hincapié en los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres en un deporte históricamente masculino. En algún momento comentó que no se pone los guantes por dinero, ya que las remuneraciones económicas que reciben las mujeres pugilistas están muy por debajo de las de los hombres.  Ejemplo de ello, es que al sumar la bolsa de sus combates mejor pagados, la cifra apenas llegaría a los 30 mil dólares, por el contrario, los números indican que un hombre al contender por un campeonato mundial podría ganar al menos 100 mil dólares.

En México no me dejaron pelear en la Plaza de Toros. El promotor Don King me iba a pagar 15 mil dólares, lo que nunca cobré en toda mi carrera. Siempre peleé ganando una miseria, comentó.

En 1999 se derogó aquella ley que impedía a las mujeres ser boxeadoras profesionales. La función que celebró el ingreso oficial de este deporte fue en la Arena México, con un combate entre Ana María Torres y Mariana Juárez, pero Laura Serrano, una de las responsables de que esto fuera posible, sólo fue invitada especial.

Fue muy injusto que después de tanta batalla no me invitaran a pelear, lamentó.

Hay en ella cierto resentimiento por lo que considera un maltrato a su trayectoria. Una sensación que le duele más al recordar su regreso al boxeo en 2012, cuando vio que que florecía una disciplina por la que luchó en más de un sentido durante una década.

Laura quiso participar de este nuevo escenario del que era artífice.

“Pero me negaron la licencia en la Comisión de Boxeo de la Ciudad de México con el argumento de que ya estaba muy grande: tenía 44 años, casi me dijeron ‘ya está muy vieja’”, indicó.

Ese mismo año, la jamaiquina Alicia Ashley, de la misma edad, fue autorizada para disputar un título mundial que ganó de forma espectacular en el oriente de la Ciudad de México.

Es indignante la manera en que me han tratado. Cuando renuncié tenía casi 45. Diez años peleando contra una prohibición, no sólo para abrir el deporte, sino por la igualdad. Ya no quise ser más lastimada y preferí decir: ¡a la goma todo!, exclamó.

No hay amargura en este recuento, es más bien melancólico. Cuando comprueba en lo que se convirtió el deporte por el que peleó una década siente orgullo, pero también una pena por haber quedado fuera.

”Al ver el florecimiento del boxeo femenino siento que no pude cosechar lo que sembré. Me tocó ser pionera y pagar el precio por ello. Eso duele”, dijo la peleadora que debutó en categoría amapola.

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