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Mario González,el olímpico olvidado

Nació el 13 de agosto de 1969 en la ciudad de Puebla y su inclinación desde niño fue por el futbol, jamás se cansó de jugar en las calles donde vivía, y cuando había bronca, destacaba por su fuerte pegada, pese a eso, el boxeo nunca le atrajo como deporte.

A los 11 años cursaba la secundaria y fue cuando su padre Guillermo le propuso que se dedicara al boxeo, que le veía facultades, y cansado de oír que todos le decían lo mismo, decidió incursionar al deporte de la fistiana.

Y fue en 1984 cuando destacó en forma al inscribirlo su padre en el torneo poblano de los Guantes de Oro. Compitió en peso paja y ganó fácilmente sus cinco combates. El título lo logró también en las dos siguientes versiones del torneo, pero en peso mosca.

Mario indicó que cuando se disputaron los Juegos Olímpicos Los Ángeles 84 veía todas las peleas, y cuando subía al ring un mexicano, quería ponerse en su lugar, nada más por el orgullo de representar a su país en el extranjero. Por su estilo, rapidez y elegancia, Héctor López (plata en la ciudad angelina), fue su inspiración.

A principios de 1985, Mario ingresó al Centro Deportivo Olímpico Mexicano con el aval del entonces presidente de la Federación Mexicana de Boxeo Amateur, Raúl “Ratón” Macías, quien lo puso a prueba un mes.

Después de cinco meses (pasó la prueba de 30 días) fue seleccionado para participar en el tradicional torneo venezolano “Batalla de Carabobo”, perdiendo la final con el local David Grimann, segundo mosca mundial. El réferi paró las acciones en el tercer round, tras sangrar profusamente de la nariz.

En 1987 participó importantes torneos como el Química Halle, en la ahora desaparecida República Democrática Alemana; en el Centroamericano y del Caribe de Costa Rica; otras vez en “la Batalla de Carabobo; en el Internacional de Colombia; el Simón Bolívar venezolano y el Guantes de Oro guatemalteco.

Tras ese recorrido de fogueo internacional, más el acumulado en el primer semestre de 1988, se aseguró un lugar en la selección mexicana que estaría en los Juegos Olímpicos de Seúl, con récord de 70 peleas, 61 victorias (25 por nocaut) y 9 derrotas.

Por fin debutó en la justa olímpica, fue un 21 de septiembre ante Teboho Mathibeli (Lesotho) al que derrotó 5-0. Después se impuso a Manoj Pingale (India), en un duro combate que también duró los tres rounds, y en el cual, Mario salió con fuertes dolores del hombro izquierdo.

Rafael Ornelas, doctor del equipo mexicano, le sacó radiografías y su diagnóstico fue fatal: esguince en las articulaciones, ruptura total de ligamentos, lesión que tarda en sanar 30 días, y todos acordaron no decir nada a nadie. Todo se ocultó.

Mario corrió con suerte, ya que su siguiente rival, el ghanes Alfred Kotey salió herido de su combate previo, y le tuvieron que suturar el pómulo izquierdo. Los reglamentos de la Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA) impiden que un peleador suba al ring en esas condiciones, por lo que fue descalificado.

Para el 29 de septiembre se programó la pelea semifinal de Mario contra Andreas Tews (RDA). Todos, en la Delegación tricolor le aconsejan que no subiera al cuadrilátero, pero no hizo caso. Su orgullo le decía que es preferible perder peleando, que por abandono.

Mario luchó con valentía, pero con una mano era imposible salir con la victoria, y más que en el boxeo, para un diestro, se necesita mucho la zurda para prepara el golpe final con la derecha.

El boxeador, a su regreso de Seúl, fue recibido en la terminal capitalina por unas tres mil personas, muchos procedentes desde Puebla, quienes cobijaron a su nuevo ídolo del ring.
Tiempo después le otorgaron el Premio Nacional del Deporte.

Se volvió a preparar para Barcelona 92, pero no pudo calificar y se retiró del boxeo. Actualmente es el director de boxeo de la Delegación Iztapalapa.

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