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Rossy Moreno la gladiadora que luchó con el machismo en la Lucha Libre mexicana

Mantiene un gimnasio, una taquería y cinco hijos. Es Rosy Moreno, una mujer de armas tomar y llaves que evitar si te bates con ella en duelo. Vive en el municipio mexicano de Nezahualcóyotl, que significa en náhuatl ‘Coyote en ayuno’ o ‘Coyote hambriento’. Al ingresar por su avenida principal una estatua modernista de color naranja muestra a este animal, símbolo de uno de las urbes más violentas del Estado de México.

Según la Procuraduría General de Justicia de ese estado, de enero a septiembre del 2012 se registraron allí 119 homicidios con arma de fuego. Un municipio con más de un millón de habitantes que vio cómo ingresaba el Ejército ante el incremento del índice de violencia y el mal funcionamiento de las instituciones encargadas de brindar seguridad.

Hablar de Rossy Moreno es hablar de tres décadas y media dedicadas a la lucha libre, a la reivindicación de la mujer dentro del deporte espectáculo, y del valor que el profesional del cuadrilátero se debe así mismo. Es también hablar del linaje y de la casta que, como primogénita, defendió e inculcó en sus hermanos y sus hijos.

Alguna vez su señora madre, la consentida Güera, recordaba al que escribe y a nuestro compañero Israel Velázquez sobre el sacrificio que significó para la familia Moreno la construcción de la Arena Azteca Budokan en la populosa Ciudad Nezahualcóyotl.

Mencionó lo difícil que fue lidiar con las autoridades, pues el proyecto había quedado en medio de un cambio de administración municipal y la nueva no cedía la autorización. Sin embargo, ellos no pararon en la edificación de su sueño, lo cual ocasionó un problema con las autoridades, mientras que el líder de la familia, el “Acorazado” Moreno, no se encontraba en la ciudad, pues andaba de gira.

La valiente madre dio la cara ante los gestores municipales, quienes con lujo de arbitrariedad la llevaron detenida, Rossy, entonces una niña, no sólo encaró a los policías —quizá por eso se ganó a pulso su sobrenombre de guerra, La Fierecilla—sino que se hizo responsable de sus hermanos, además de pedir ayuda a sus vecinos y familiares. Mientras, el embrollo se aclaró y la Güera retornó a casa.

Esta pequeña historia revela la personalidad que Rossy tuvo desde siempre: Una mujer responsable y comprometida. Cuando llegó la hora de subirse al ring, Rossy no dejó duda que, como dice el refrán, lo que se hereda no se hurta, y en poco tiempo pasó a ser una verdadera protagonista del género femenil en la lucha libre, ya fuera haciendo esa dupla de rudeza al lado de Lola González —como Las Monjas Malditas—o por su propia cuenta enfrentando a las consentidas Irma Aguilar, Irma González, Vicky Carranza y Pantera Sureña, sólo por hacer mención de algunas.

Únicamente la maternidad la pudo retirar. Fue a mediados de los ochenta, pero el retiro fue sólo momentáneo, pues años después, una madura pero vitalizada Rossy volvió por su fuero a sembrar el terror entre la nueva generación de técnicas, a las cuales dominó, e incluso se proclamó reina de ellas tras vencer en la final del Reina de Reinas del año 2000 a Xochitl Hamada, Martha Villalobos y Miss Janeth.

Hoy, Rossy Moreno no ha perdido esa personalidad aguerrida, pero la edad sí le ha dado madurez. En una entrevista con EFE, la gladiadora de mil batallas comentó:

“Nací dentro de un mundo de hombres, de lucha libre, donde me he desenvuelto toda mi vida desde que tengo uso de razón. Es parte de la esencia de mi familia, de una dinastía de luchadores realmente fuerte, con un prestigio dentro de este mundo, un mundo de hombres.

«Son muy machistas, no están acostumbrados a que una mujer llegue y los mande. La fortuna que tengo es que soy promotora y luchadora… y tengo esa enorme suerte de haber nacido en el mundo de la lucha».

«Pero las verdaderamente fuertes somos las mujeres. Con mucho esfuerzo, al final los hombres han aprendido a respetarnos”.

Aunque es muy sincera al hablar de varias compañeras de oficio:

“Hay muchachas muy sexys, encueradas, nada más usan bikinis. Mi traje es totalmente cerrado, tapado. Así me siento cómoda”

También aprovechó para hablar de su inspiración, la querida Güera:

“Mi madre es tan madre. Traigo su esencia. Una mujer que, pese a su edad, es tan matriarcal, tan triunfadora en la vida. Trabaja todo el santo día, es promotora, administra sus locales, su arena. He aprendido de ella”.

Recuerda su peculiar niñez:

“En mi infancia jugaba con mis hermanas, a pegarnos, entrenaba cinco o seis horas diarias y manejaba el ring… Mi niñez fue trabajar y trabajar, no teníamos tiempo para jugar con muñecas, crecimos luchando.
Mi papá tuvo cinco hombres, no tuvo hijas. Sabemos defendernos perfectamente gracias a esa educación”.

Habla de lo que significa subirse a un cuadrilátero:

“Siempre me he sentido muy nerviosa antes de subir al escenario. Incluso me he querido rajar. Pero siempre lo he logrado. Ya en el ring olvido todo y hago mi trabajo y disfruto muchísimo.
Es muy peligroso, puede ser hasta mortal. O te puede anclar en una silla de ruedas por el resto de tu vida”.

Rossy sabe que la vida sigue y aunque aún activa ya piensa en el retiro, por eso confiesa:

“Me quiero retirar con la frente bien alta”.

En el plano sentimental, su primer matrimonio fue con el Doctor Wagner. Moreno tenía 19 años cuando pasó por la vicaría. Tiene dos hijos con él. «Estoy divorciada hace muchos años. Afortunadamente, por el bien de nuestros hijos, llegamos a una separación cordial».

Rosy recuerda que cuando era pequeña quería ser boxeadora. Tenía 14 años. No existía ni una sola luchadora. «En mi infancia jugaba con mis hermanas, a pegarnos, entrenaba cinco o seis horas diarias y manejaba el ring…». «Mi niñez fue trabajar y trabajar, no teníamos tiempo para jugar con muñecas, crecimos luchando», añade la mayor de la saga.

La luchadora cree que el machismo nace en la propia casa y hay que aprender a defenderse en la vida. «Aunque creo que las nuevas generaciones son diferentes. A mis hijos les educo en la igualdad».

Y es que en su caso, como dice ella entre risas: «Mi papá tuvo cinco hombres, no tuvo hijas. Sabemos defendernos perfectamente gracias a esa educación». Hoy, esta mujer que ya no busca fama porque le sobra por todos lados, solo aspira a tener una vejez digna. 

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