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El Superman de Chihuahua, Héctor Espino el jonronero mexicano

Héctor Espino González  fue un beisbolista mexicano, ícono del béisbol mexicano de la década de los 60s y 70s. Jugador mexicano de béisbol nativo de Chihuahua donde nació en la casa marcada con el número 4813 de la Calle 34 esquina con Justiniani, en la populosa Colonia Dale. Es considerado el mejor bateador mexicano de todos los tiempos. Era temible con el bate, ya que tenía la capacidad para dar el batazo oportuno. Es el máximo jonronero en las Ligas Menores con 484 jonrones. Es considerado el jugador que conocía los lanzamientos que los pitchers rivales le enviarían antes de enfrentarse a ellos.

 Tenía tres apodos: «El niño asesino» en el inicio de su carrera profesional, posteriormente «El Superman de Chihuahua» y finalmente «El Rebelde de Chihuahua» el cual fue puesto por la negativa de aceptar los contratos de varios equipos de las Ligas Mayores de los Estados Unidos.

El nativo de Chihua­hua deslumbró desde su llegada a la Liga Mexicana en la campaña de 1962, ayudando a los Sultanes de Monterrey en la conquista del campeonato.

Su enorme desempeño mereció el reconocimiento como el mejor novato de la campaña. En 1964 tuvo una actuación monumental al conectar 46 cuadrangulares, para implantar una marca. Y era sólo el principio: su nombre alcanzaría una brillantez que lo convertiría en el máximo ídolo de la pelota mexicana.

Su consistencia, poderío y su oportunismo con el bat, lo llevaron por los senderos de bonanza del béisbol mexicano, al imprimirle una intensidad inusitada y tonalidades nunca vistas en los estadios. Basta pensar que el gigante Babe Ruth alcanzó 714 vuelacercas a lo largo de su carrera, en tanto que el bambino de Chihuahua conectó ¡783 cuadrangulares! durante sus campañas en la ligas profesionales.

Sus descomunales batazos le crearon la aureola de “Supermán del bateo”, labrando desde ahí el pedestal en donde descansa como el mejor bateador mexicano de todos los tiempos.

Su inmenso potencial se puso de manifiesto desde su debut como profesional en 1959, con los Dorados de Chihuahua, bajo la conducción del inolvidable Memo Garibay; y en la primera temporada en el circuito invernal de 1961, obtuvo los títulos de bateo, de imparables, de carreras anotadas y cuadrangulares, sentando un gran precedente. Espino dejó cifras de verdadera antología durante su trayectoria en esta liga tan importante. Sus 13 títulos de bateo son una marca que luce insuperable y que tal vez nunca será derrumbada.

Por si eso fuera poco, el ídolo de Chihuahua se encargó de poner en alto el nombre de México con su soberbia actuación en la Serie del Caribe de 1976, ayudando a los Naranjeros de Hermosillo a ganar el cetro, en el evento celebrado en República Dominicana.

En la Liga Mexicana del Pacífico, Espino se convirtió en ídolo y leyenda con los Naranjeros de Hermosillo, equipo con el que ganó la Serie del Caribe en 1976, una hazaña más para su imborrable carrera. Como manager, no tuvo el mejor de los éxitos, pero su legado ya no podía ser manchado.

Actualmente, es cuarto en el listado histórico de hits en la LMB con 2,752 imparables, así como segundo en Home Runs con 453, solo por detrás de Nelson Barrera (455). Acumuló innumerables títulos de bateo en cualquier liga donde se plantó e ingresó al Salón de la Fama del Béisbol Profesional en México.

Su número fue retirado de todas las organizaciones de la LMB el pasado 6 de junio.

Su retiro fue enmarcado en un grandioso y merecido homenaje brindado por los Sultanes de Monterrey, el equipo en el que debutara en la campaña de 1962, recibiendo el nombramiento de Novato del Año.

El gran ídolo de Chihuahua se retiró vistiendo el uniforme sultán, la franela que portara durante nueve temporadas y que lo distinguiera notablemente portando el número 21 en su camisola. Era una acertada decisión, pues ya eran muchos años de trayectoria. Nada le quedaba nada por conquistar en los distintos diamantes de la liga de verano.

Espino pulverizó la mayoría de récords de bateo e impuso los propios, como aquel de 1964 cuando impuso récord con 46 cuadrangulares bateados en la campaña, batiendo la marca impuesta un año antes (39) por Ronnie Camacho.

Al momento de retirarse sólo la gloria quedaba de su apagado cañón, sus movimientos habían perdido agilidad, sus reflejos ya no eran los mismos y se veía cansado, agotado, sin la brillante chispa que lo caracterizó durante muchos años en cada ocasión que se paró ante la caja de bateadores.

Para Espino había sido reconfortante el haber retornado al equipó de los Sultanes y estar con ellos en el momento de su retiro.

«Siempre tuve la idea de volver para poder irme del beisbol vestido de sultán, uno vive de esto y si un cambio beneficia a un club se tiene que hacer, estoy feliz de haber regresado», dijo el hombre récord del beisbol mexicano.

«Un adiós es triste, pero no tanto cuando se planea con tiempo, yo creo que me voy en plenas facultades, me retiro voluntariamente, no a la fuerza como hubiera sido de seguir activo», añadió «El Niño Asesino».

Así, a los 45 años, cuando muy pocos permanecen en actividad, Espino, el hombre más temido del beisbol mexicano, el que hiciera vibrar las tribunas al compás de sus cañonazos, al que en Chihuahua consideraban un héroe, en Hermosillo un Dios, y en Monterrey un ídolo inmortal, decía adiós al beisbol en su carrera de pelotero.

La última vez que se paró en la caja de bateo fue seguido por el total de aficionados que llenaba el inmueble. Había tristeza en el ambiente y no era para menos, jamás verían a otro jugador con características similares a las del nativo de Chihuahua, al ídolo inmortal, al incomparable Héctor Espino que se despedía como beisbolista.

Espino murió en 1997 en Monterrey después de un ataque cardíaco severo. Su número 21 fue retirado de todos los equipos profesionales de la Liga Mexicana de Verano y de la Liga de Invierno.

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