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Gerónimo Barbadillo,»La Patrulla»peruana de los Tigres

Procedente de Defensor Lima y, tras iniciar su carrera en Sport Boys, Gerónimo Barbadillo fue vendido a Tigres UANL en la temporada 1976. Lo hecho en el club ‘universitario’ le alcanzó para atraer las miradas de afuera. Y partió.

¿Su próximo destino? El Avellino de Italia, que pagó la importante suma de 850 mil dólares. En ese entonces, una cifra récord.

Los años pasan y la leyenda se hace más grande. La idolatría va de generación en generación. Mucho más, en un deporte como lo es el fútbol, en el que uno suele dejarse llevar por la pasión. Un peruano puede dar fe de ello. Hoy, más que nunca. Nadie como Gerónimo Barbadillo, mundialista en 1982 con la Selección Peruana y futbolista histórico de Tigres UANL , que no deja de ser reconocido en la ciudad de Monterrey.

Invitado y homenajeado recientemente por los 50 años del Estadio Universitario de Nuevo León, casa de Tigres, el popular ‘Patrulla’ se hizo un nombre en el fútbol mexicano. Los desbordes por las bandas, y su picardía, enamoraron pronto a los aficionados que disfrutaron con los títulos de la Copa MX (1976) y Liga MX  (1978 y 1982). 

«Sané los problemas económicos. Fue el primer gran negocio del Tigres y creo que del fútbol mexicano. Si mal no recuerdo, Hugo Sánchez fue vendido en 350 mil dólares: y yo, en 850 mil dólares», confesó Barbadillo.

Barbadillo también reconoció que el Napoli estuvo interesado en él.

«Le dije a mi entrenador del Udinese (su próximo destino tras el Avellino) que quería saber si iba a contar conmigo en la próxima temporada, porque en ese tiempo me quería el Napoli, ya que su técnico Ottavio Bianchi me había entrenado en el Avellino. Él me dijo que estaba en sus planes». La oferta, al final no se concretó.

El delantero peruano llegó a mediados de los 70’s procedente del Defensor Lima donde había ayudado a conseguir el título. A su llegada, no fue como las “bombas” de ahora anunciadas como cracks mundiales. Barbadillo, en cambio, construyó un nombre a raíz de vestirse como felino.

Con Tigres, fue siempre luz. Consiguió 2 Ligas y una Copa, lo que era impensable en esa época para la afición felina. Hizo la mejor sociedad con Tomás Boy, a quien ayudó a convertirse en el máximo goleador de la institución. Barbadillo, en cambio, es el quinto lugar histórico con 59 goles (fue recientemente rebasado por el francés Gignac).

Gerónimo Barbadillo logró también ganar la Copa América en 1975 con Perú, la segunda y última hasta ahora. Aquel equipo de Perú, prosiguió con esa inercia ganadora y le alcanzó para ir al Mundial de España 1982, donde su buen papel despertó el interés de varios clubes de Europa.

En 1982, tras su destacado papel, el Avellino de Italia lo contrató. La directiva de Tigres accedió a su deseo de jugar en el viejo continente y se marchó. Ahí permaneció hasta 1985. No le fue tan bien como él imaginaba y no fue ni la sombra de lo que fue con los Tigres. Anotó 10 goles en 81 partidos.

Para la temporada 1985-1986, lo fichó el Udinese. Jugó, pero tampoco tuvo el mismo éxito. Ya los años pesaban, así que con los bianconeri estuvo solo una campaña, donde anotó 3 goles en 20 encuentros. Finalmente, Gerónimo Barbadillo se retiró.

Tras retirarse, la ciudad de Udine lo enamoró. Por lo mismo, el peruano se quedó ahí a radicar hasta la fecha. Se encariñó con la afición de esa zona y trabaja con la institución desde 2005. Su trabajo es formar jugadores, nuevos talentos para exportarlos. Sean italianos o extranjeros. Sin embargo, su interés (y siempre lo ha dicho) es dirigir a la selección peruana de futbol algún día.

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