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La historia del sacerdote luchador,Fray Tormenta

Suman más de dos mil “cachorros” salidos del orfanato del padre Sergio Gutiérrez, también conocido como Fray Tormenta, un verdadero héroe que a diferencia de El Santo y Blue Demon no lucha en las películas contra monstruos ficticios, lo hace en la vida real día a día por su religión y los fieles católicos, por rescatar huérfanos de la calle y darles una profesión y un oficio y para ello también se enfrenta en los cuadriláteros profesionales a nivel nacional e internacional.

De su casa hogar, a través de sus 45 años de sacerdocio, han salido más de dos mil 500 de los que llama sus «cachorros», de ellos tres estudiaron medicina, 16 maestros, un contador público auditor, un contador privado, 20 técnicos en computación, nueve abogados, un sacerdote y como 20 luchadores profesionales entre ellos el Místico, Fray Tormenta Junior, Niño Veloz, Niño Tormenta, Arácnido, Signo de Fuego, entre otros.

En el barrio formó parte de una pandilla conformada por más de 90 jóvenes en donde fue apodado como el Indio y se convirtió pronto en uno de los líderes gracias a su habilidad para las peleas callejeras, pero, peor aún, se convirtió en un adicto a las drogas, donde tocó fondo al verse involucrado en la muerte de un pandillero.

“Eso fue lo que me llevó a alejarme de la banda y abandonar un trabajo que había conseguido en una cantina. Anduve de un lado a otro; incluso, trabajé en el Circo Unión con Viruta y Capulina. Le hice al teatro y a los títeres, pero no podía hacer nada bien porque las drogas me seguían hundiendo“.

Cuando por fin decidió rehabilitarse, se interesó en el sacerdocio e ingresó a la congregación de los Padres Escolapios. Tras realizar estudios en Roma y España, regresó a México para especializarse en Puebla y después fue enviado a Veracruz en donde no solo se ordenaría sino también cambaría su vida para siempre.

En Japón y Francia es un héroe, y en la isla nipona Dios le dio respuesta a su pregunta, un milagro me respondió que Dios sí estaba contento con lo que hacía”.

Relata el padre Sergio Gutiérrez con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos ..

“Estaba en una lucha en Yokohama y me fue mal, me golpearon duro y me arrojaron fuera del cuadrilátero, un niño japonés de unos 12 años fue a ayudarme a levantarme y subir de nuevo al ring, tiempo después en otra visita la familia de ese niño me fue a hacer un agradecimiento por un milagro, no entendía por qué, me explicaron que ese niño era paralítico y ese día se levantó con la fuerza de Dios a ayudarme, entendí que al señor le agradaba lo que hago”.

Nunca le gustó participar en películas como las de El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras,

“no era mi onda, pero mi vida sí les gusto para hacer películas”,

Pero ninguna es fiel representación de ésta, la que más se asemeja, dice, es El Hombre de la Máscara Dorada en Francia estelarizada por Jean Reno, Nacho Libre también, pero no se parece mucho a su historia, platica que le han hecho muchos documentales, algunos de ellos con el Místico y está en pláticas para una nueva película coreana.

“Tuve de compañeros a verdaderos monstruos de la lucha libre al El Santo, a Blue Demon, Huracán Ramírez, éste me descubrió que era sacerdote cuando me avisó que tendríamos lucha en Chiconcuac y se me salió decirle que no podía porque oficiaría misa, luego se encargó de decirle a todos que sí era padrecito y se me armó con el obispo, que me dijo que no era evangélico el luchar, pero cuando le pedí que entonces el obispado cubriera los gastos de mi casa hogar me permitió seguir luchando”.

Su primer pago como luchador fue de 200 pesos hasta que lo descubrieron en el consejo mundial de la lucha libre y lo proyectaron internacionalmente, principalmente en Japón donde junto a Mil Máscaras, Fray Tormenta es uno de los más grandes ídolos.

“Varias veces intenté arrojar la toalla, pero los chamacos me motivaban. Yo mismo diseñé mi propia máscara con sólo dos colores: el amarillo, símbolo de la viveza que debe tener Fray Tormenta arriba del ring, y el rojo, que significa la sangre que, si es necesario, debo derramar por los muchachos. Me prestaron una botarga, unas mallas y unas zapatillas para luchar. El día de mi debut estaba tan nervioso que me vestí desde las once de la mañana, aunque la pelea era a las siete de la noche”.

Los siguientes dos años siguió luchando de incognito como Fray Tormenta y enfrentó a los mejores de la época: El Cavernario, Blue Demon y Huracán Ramírez, quien además fue el primero en descubrir la faceta de sacerdote de su compañero luchador. Hicieron un pacto de silencio pero en los camerinos ya corría el rumor de que Fray Tormenta era realmente un sacerdote.

El luchador Cacique Mara arriba del ring le preguntó si era cierto que era “padrecito”. El inocente Fray Tormenta contestó afirmativamente y recibió un castigo premeditado: “si tú eres Padrecito yo soy Obispo, hijo de toda tu…”.

La atractiva historia de este sacerdote luchador también llegó a oídos de  Juan Pablo II quien, en una de sus cinco visitas a México le dio su bendición en la Basílica de Guadalupe, y le comentó:

“Ojalá hubiera muchos fray tormentas”. Éste respondió de forma espontánea: “Se acabaría la Iglesia, Su Santidad”. Y ambos rieron en señal de simpatía.

El P. Sergio Gutiérrez Benítez ha pensado seriamente en el día en que ya no esté para ayudar a los suyos. Lo han hecho consciente de eso varias cosas, como el padecimiento de la diabetes, el infarto que tuvo y sus lesiones, entre las que se cuentan tres costillas rotas y un tobillo fracturado.

En la vida de Fray Tormenta no todo ha sido color de rosa ya que en 1990 fue acusado de pederastia y aunque dicha acusación no prosperó, el julio de 2016 recibió una nueva acusación penal por abusar sexualmente de un menor de 16 años que vivió en su casa hogar. El caso sigue abierto.

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