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La leyenda felina,Mateo Bravo y su historia

Pilar Reyes fue el gran culpable de que en dos ocasiones, Mateo Bravo se erigiera como campeón del futbol mexicano. La primera vez porque se fue al Mundial de Argentina 1978 y la siguiente por una lesión que le condenó a ausentarse los últimos seis partidos.

En el futbol existen ciertas clases de jugadores predestinados para una sola camiseta. Bravo estaba concebido desde su nacimiento a guardarle fidelidad a la de Tigres, así como el cuadro felino estaba ahí para darle un nombre en el futbol mexicano.

Despierto y risueño, el ex portero, campeón dos veces con los felinos, recita casi de memoria los títulos,

“son circunstancias de la vida,Pilar siempre fue el portero a pesar de que manteníamos una fuerte rivalidad, pero curiosamente nunca pudo jugar las finales con nosotros y me tocó a mí”.

Su mejor instante fue la final de 1981 ante el Atlante.

“ellos llegaban como favoritos, nosotros estábamos con un gran apoyo en el estadio Azteca, pero al final de cuentas todos esperaban que perdiéramos”, relata muchos años después, y resultó que gracias a sus manos, regresaron a Nuevo León como campeones.

“Cabinho nos anotó al final y fue un duro golpe, pero forzamos los penales. A pesar de tener un hombre menos por la expulsión de Enrique Bastos. Fue un pasaje de los partidos donde me sentía siempre cómodo, sobre todo ése año donde paré tres penales, uno de ellos a Alberto Jorge del Atlante en la liga.”

Con el cuerpo tan alargado como el de una cigüeña, Mateo voló un par de veces cuando tenía enfrente a Eduardo Moses y Sergio Lira para convertirse en un mito de los felinos. El único que pudo anotarle, fue paradójicamente otro portero, Ricardo La Volpe, quien al anotar gritó palabras altisonantes y pateó la pelota con rencor de nuevo a las redes.

“Estaba muy enojado porque sus compañeros no la metieron, pero eso me dio confianza y sabía que ellos estaban alterados y era el momento de ocuparlo.Tenía la cualidad de ser veloz y me fijaba mucho en los penales que los zurdos siempre tiraban a la derecha y viceversa, salvo las excepciones de los que tenían mucha técnica que cambiaban el rumbo de la pelota. Pero por esa simpleza, más mi agilidad, pude detenerle los disparos a los jugadores atlantistas”, rememora con picardía.

Foto/Internet

“Teníamos mucha sangre, una mística invaluable para cualquier aficionado. Me siento muy orgulloso de haber formado parte de aquel equipo espectacular que desde el principio hizo cosas buenas como vencer al América en una final de Copa. Desde ahí nos tomaron en cuenta, por supuesto también por la final que perdimos con Cruz Azul en la temporada 1979. Recuerdo que Nacho Trelles le reclamaba al árbitro que estábamos drogados y Claudio Lostanau, nuestro entrenador, le gritó desde la banca que sí, pero drogados de victoria, porque perdíamos 4-0 en el primer tiempo y quedó el resultado final 4-3 y ellos, que eran un equipazo, no podían creer que por poco les empatamos.”

Ése es el resumen de lo que significa Tigres para Mateo Bravo, un club siempre guerrero y fajador, que no ha necesitado de títulos para acrecentar su afición y ha podido resistir las inclemencias de su rival el Monterrey, al pasearle tres títulos en los últimos 10 años.Fuente/Exelsior

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