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La mosquetera de plata,Maria del Pílar Roldán y su hazaña en el ´68

En la final femenina de florete de los Juegos Olímpicos de México 1968 la ciudad parecía caerse a pedazos, pero la mexicana Pilar Roldán estaba recluida en un mundo de silencio y gracias a eso sobrevivió y ganó medalla de plata.

Roldán había perdido con la soviética Elena Novikova y la húngara Ildiko Ujlary, pero se recuperó y derrotó a la soviética Galina Gorokhova y a la francesa Brigitte Gapais. Entonces llegó el combate por la medalla, ante la sueca Kerstin Palme, y fue cuando el público de la Sala de Armas, sede de la justa, y el resto de la ciudad fueron protagonistas de un paroxismo casi sísmico.

María del Pilar Roldán Tapia (Ciudad de México, 18 de noviembre de 1939) es una deportista mixicana que compitió en esgrima, especialista en la modalidad de florete.

Participó en tres Juegos Olímpicos de Verano, obteniendo una medalla de plata en México 1968 en la prueba individual.​ En los Juegos Panamericanos consiguió dos medallas de oro en los años 1959 y 1967.​

Con tan sólo 8 años de edad comenzó a recibir clases de tenis. Pero, María del Pilar, además del deporte tenía otra afición, la lectura. Tras leer «Los tres mosqueteros» de Alejandro Dumas, decidió aprender esgrimar. Y así fue como comenzó en este deporte.

Así, que con 13 años sus padres le buscaron un profesor particular de esgrima. Además, construyeron una pista de esgrima en su casa. La trayectoria de María del Pilar en este deporte comenzó a crecer de forma vertiginosa. Con 15 años fue campeona nacional de florete. Medalla de bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1959. En 1962 medalla de plata en los mismos juegos y abanderada en los Juegos Olímpicos de Roma de 1960.

Pero para los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, el entonces presidente del Comité Olímpico Mexicano, Clark Flores, le negó al equipo su participación durante esta contienda olímpica. Pilar no se rindió y llegó hasta la puerta de la oficina de Clark para pedirle una explicación que justificará su decisión, su determinación y trabajo le dio lugar para los juegos que se llevarían a cabo en México 68.

María Del Pilar enfrentó en la ronda final de florete a un grupo de cinco esgrimistas en el Round Robin. Se enfrentó con dos soviéticas: Elena Novikova-Belova y Galina Gorokhova, una húngara Ildiko Ujlaky Rejto, una francesa Brigitte Gapais y Kerstin Palme de nacionalidad sueca. Al final de los encuentros Novikova resultó la ganadora y aunque en segundo lugar estaban empatadas con tres victorias y dos derrotas Ujlaky Retjo y Pilar Roldán, la mexicana resultó la ganadora de la medalla de plata por la diferencia a favor que tuvo en el número de toques de sus adversarias.

Después de la medalla, se alejó de la esgrima por 15 años, debido a que tenía que entregarse a su familia, «tenía dos hijos chicos, y después vino mi hija, no podía dejarlos».

Añade que luego de ese tiempo regresó a la esgrima, pero ya no en florete, sino a la espada, en donde también consiguió resultados importantes en Juegos Centroamericanos y Panamericanos.

Además, expone que «fui presidenta de la Federación Mexicana, de la Confederación Panamericana y miembro de la Federación Internacional en donde estuve 16 años hasta que en el año 2000 decidí retirarme».

Pilar Roldán agrega que la esgrima lo es todo; más allá de que le dio la oportunidad de ser medallista olímpica, porque «fue algo importante en mi vida, fueron logros que tuve, porque a los 14 años de edad, gané mi primer Nacional y dos veces fui monarca panamericana».

Asegura que ser la primera mujer medallista olímpica es un orgullo y cuando ve a más mujeres subir al podio, como la fallecida Soraya Jiménez, la ex ciclista Belem Guerrero, la ex taekwondoín Iridia Salazar y más reciente las clavadistas Paola Espinosa, Alejandra Orozco y Laura Sánchez, así como a la taekwondoín María del Rosario Espinoza, se muestra satisfecha.

«Me siento contenta, porque con mi medalla y ser la primera mujer, fue un mensaje de que sí se puede. Ahora las mujeres ganan más medallas que los hombres», dice Pilar, quien culminó la carrera de decoración.

No comulga con sacrificar la vida social por el deporte, ya que cuando se está inmerso en esta materia, se hace por gusto, «nunca se debe decir que se sacrificaron cosas, sino que se hace por placer, por gusto y a mí me gustó, cuando se piensa en lo contrario hay que buscar otra cosa».

Alejada del deporte, Pilar Roldán Tapia sigue en su preparación y con 78 años de edad, ha terminado un posgrado en neuro-emoción y además es terapeuta de bio-magnetismo. “Todo esto me apasiona», señala.

Ha pasado el tiempo y Pilar presume tener tres hijos, ocho nietos, tres bisnietos. Y ríe cuando dice que «tengo 56 años casada con el mismo señor (Edgar Giffenig Vogt), esto ya no se ve mucho, ahora los matrimonios son desechables», concluyó.

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