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México llora a su Mujer Maravilla del olimpismo,Enriqueta»Queta»Basilios

Enriqueta Basilio falleció este sábado a los 71 años de edad debido a problemas de salud que la aquejaban desde hace tiempo.

La exvallista mexicana pasó la historia al convertirse en la primera mujer en encender un pebetero olímpico y lo hizo en la cita de México 68.

En los Juegos Olímpicos de México 1968, una joven de 20 años fue la primera mujer en encender un pebetero olímpico en toda la historia de la competencia. Su nombre era Enriqueta Basilio y aquel momento ocurrió en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria un 12 de octubre del mencionado año cuando, ataviada de blanco y siendo el último relevo de la antorcha, subió los 90 escalones del recinto hasta alcanzar el sitio donde la flama prendió.

“Mis padres estaban en la entrada, mi mamá muy nerviosa, yo creo que no me vio porque estaba rezando el rosario, mi hermana tomando fotos”, relató Enriqueta Basilio Sotelo a la Gaceta de la UNAM en el aniversario 50 de los Juegos Olímpicos de México. 

Cincuenta años después de haber sido la primera mujer que prendió el fuego olímpico, Enriqueta Basilio volvió a temblar como en aquel 12 de octubre de 1968 en el estadio de la Ciudad Universitaria de México, pero esta vez no fue solo por los nervios, sino por la enfermedad de Parkinson.

«Queta», como es conocida en el mundo desde que encendió el pebetero en aquella jornada que dio inicio a los Juegos de la decimonovena olimpíada de la era moderna, repitió el pasado 25 de agosto de manera simbólica el acto con el que pasó a la posteridad.

«Siento ganas de llorar», dijo con voz entrecortada la exatleta que hoy tiene 70 años y que subió hasta lo más alto del mismo escenario, aunque en esta ocasión en una silla de ruedas porque el Parkinson le dañó la cadera y tampoco le permitió saludar hacia los puntos cardinales con la antorcha, como hizo en 1968.

Entre los primeros Juegos Olímpicos modernos, los de Atenas 1896, y los de Tokio 1964 portar la antorcha y encender la llama para inaugurar el certamen había sido un honor exclusivamente de los hombres. Además, todas las ediciones se habían hecho en Europa, Japón o Estados Unidos.

Por lo tanto, al ser México el primer país sede en un lugar diferente a los anteriores, el Comité Organizador de las justas decidió también que por primera vez en la historia fuera una mujer quien prendiera el fuego olímpico.

Lo que no sabían era a cuál darle semejante privilegio y responsabilidad. Pensaron en María Félix, la diva del momento, y en Amalia Hernández, fundadora del Ballet Folclórico de Bellas Artes, entre las principales candidatas.

El arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, organizador de aquellos Juegos, no dudaba de que la elegida debía ser de piel morena y con porte, para mostrarle al mundo la belleza de la mujer mexicana.

Sin embargo, dar la vuelta olímpica corriendo con una antorcha de casi dos kilos de peso y subir con ella en la mano 93 escalones no era un asunto propio de una estrella del cine o el baile.

Con la voz cortada por la emoción y la enfermedad, Enriqueta Basilio recordó medio siglo más tarde ante la prensa nacional cómo terminó siendo la elegida.

«Eduardo Hay, entonces presidente del Comité Olímpico Mexicano (COM), le dijo a Pedro Ramírez que tenía a la mujer indicada y esa era yo, pero yo no me lo imaginaba en ese momento».

La citaron en el estadio y allí le dijeron que se quedara en ropa de atletismo, tomara una estafeta en su mano derecha y corriera en la pista como si llevara una antorcha. Fue en ese instante cuando Hay, Ramírez y los demás miembros del COM presentes quedaron asombrados con «Queta».

Enriqueta Basilio, quien escondió varias anécdotas en su vida, compitió por México en aquella justa olímpica en los 400 metros, relevos 4 x 100 metros y 80 metros con obstáculos. Dos años más tarde en los Juegos Centroamericanos y del Caribe ganó la medalla de bronce en los relevos 4 x 100 metros. Queta, como también era conocida, compitió también en la modalidad de salto con vallas.

Aquella tarde en que la nacida en Mexicali, Baja California el 15 de julio de 1948 prendió un pebetero olímpico, se impusieron las igualdades de condiciones entre mujeres y hombres, como siempre debió ser. Fue el presidente Gustavo Díaz Ordaz quien le encomendó encender el pebetero del estadio Olímpico debido a su trayectoria deportiva. 

Enriqueta siempre estuvo vinculada al deporte en México: fue miembro permanente del Comité Olímpico Mexicano. Antes de su fallecimiento ocurrido el 26 de octubre de 2019 era la organizadora del Recorrido del Fuego Simbólico por la Paz y el Deporte, evento que conmemoraba los Juegos Olímpicos de México 1968. 

En el caso de Queta, lo relata como un día que empezó en un desayuno con sus compañeros deportistas, su permanencia en el área reservada para los jueces por la entrada de la maratón, el uniforme que nunca llegó y el recorrido en el último tramo, en medio de los deportistas hasta llegar a la escalinata. Queta, meses atrás había dicho que tendría que entrenar mucho, porque no quería desmayarse cuando encendiera el pebetero olímpico.

De ahí el ascenso al Olimpo mexicano, el fuego que llegó procedente de Grecia brilló para el mundo, miles de palomas volaron por el monumental estadio; mientras, Queta se sentó para observar lo que sucedió después de haber encendido el pebetero; posteriormente, un trabajador le facilitó un overol para salir del estadio, – lo conserva tal y como lo recibió – , subió al auto que la llevaría al CDOM, porque tendría que competir el día 15 de octubre, en la prueba que ganó la australiana Maureen Caird, de 17 años, quien empató el record mundial y mejoró la marca olímpica (10.3s).

De 1,76 metros de estatura, 59 kilos de peso, piernas largas y piel morena, Enriqueta Basilio no dejó ninguna duda.

Nunca me dijeron nada directamente. Me preguntaron qué pensaba de portar el fuego, yo les dije que, como siempre habían sido hombres, había muy buenos para hacerlo, como Felipe Muñoz (luego el primer y único mexicano en ganar una medalla de oro en natación). Fue en una conferencia de prensa posterior que dieron el aviso de que era yo», recordó «Queta».

Sin embargo, su designación generó polémica en México porque se trataba de una mujer, además con poca experiencia internacional y oriunda de una población distante de la capital del país.

Solamente hubo dos ensayos antes de la ceremonia inaugural y en el primero de ellos Enriqueta se quemó la mano derecha por el calor de la antorcha. Aún hoy, en la piel, tiene el recuerdo físico de ese episodio. «Entrené dos veces la ruta y las escaleras fueron hechas a mi paso», afirmó.

Al atardecer del 12 de octubre de 1968, Enriqueta Basilio se convirtió en la primera mujer de la historia olímpica en portar la antorcha, pero minutos antes hizo el último de los 2.778 relevos que la llevó, tras un recorrido que comenzó en Atenas y siguió la ruta del primer viaje a América de Cristóbal Colón, desde la ciudad italiana de Génova hasta San Salvador.

El Comité Olímpico Internacional (COI) había decidido que la antorcha hiciera este recorrido, que fue de 13.620 kilómetros, dado que México sería el primer país latinoamericano en celebrar los Juegos.

Desde hace dos décadas «Queta» lucha contra el Parkinson. Asegura que el deporte le ha permitido sobrellevar la enfermedad y que a los 70 años practica la natación todas las mañanas.

Cree que tal vez estaba predestinada para prender el fuego olímpico, pues a los 11 años portó una antorcha en una ceremonia escolar. «Es algo que me llegó, es un designio de Dios», expresó ella, que además ha sido diputada federal y es miembro permanente del COM.

Enriqueta Basilio afirma que el 12 de octubre de 1968 no solo representó a las mujeres de México sino a las de todo el mundo. «Creo que no solamente encendí el pebetero olímpico. Encendí el corazón de las mujeres, la lucha por la justicia, por la equidad», apostilló, antes de reiterar su pensamiento más grande: «Yo nací para el mundo el día que encendí la llama olímpica».

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